Nuestra historia

Hablar de Baena es hablar de olivos. Y hablar de olivos es hablar de generaciones.

En esta tierra, el olivo no es un cultivo: es parte del paisaje, de la cultura y de la forma de entender la vida. Desde hace siglos, los olivares de Baena dibujan el horizonte y marcan el ritmo de quienes trabajan la tierra con respeto, paciencia y orgullo.

Nuestra cooperativa nace precisamente de esa unión. De agricultores que entendieron que el futuro se construye juntos, compartiendo esfuerzo, conocimiento y una misma visión: cuidar el olivo para obtener aceites que representen fielmente nuestro origen.

Aquí, cada campaña es el resultado de un trabajo que empieza mucho antes de la recolección. Empieza en el campo, en la poda bien hecha, en la observación del fruto, en la decisión de adelantar la cosecha para preservar lo más valioso del olivo: su frescura, su aroma y su intensidad.

Nuestros aceites son el reflejo de Baena. Aceites de carácter, con frutados intensos, verdes y vivos, que expresan la singularidad de nuestro entorno y el saber hacer acumulado durante generaciones. Aceites que no buscan imitar, sino mostrar con orgullo quiénes somos y de dónde venimos.

La Cooperativa de Guadalupe la componen, ante todo, personas. Familias que han trabajado esta tierra durante décadas y que hoy combinan tradición y conocimiento técnico para afrontar los retos del presente y del futuro. Porque respetar el pasado no significa quedarse en él, sino usarlo como herramienta para seguir mejorando.

Seguimos avanzando con una idea clara: proteger nuestro origen, apostar por la calidad y ofrecer aceites que estén a la altura del nombre de nuestra cooperativa, de Baena y de quienes confían en nosotros.

Porque cuando el olivo se cuida, la tierra responde. Y cuando el trabajo es honesto, el aceite habla por sí solo.

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